Vuelta al camino, una parada obligada en el bar que abre sus puertas antes del amanecer, dónde esos agricultores curtidos la piel, comienzan el día, nieve o llueva, con sol o sin el, con el café en la mano, copa en barra de aguardiente o coñac( de esa antigua española, con la línea roja, la cual poco se ve),su cigarro mañanero, ducados a ser posible, donde se entablan las penas y glorias que suceden en el día anterior y las que puedan venir en el que comienza, hay que seguir cuidando los animales y los campos, aunque como hoy, el frío y la nieve no deje de articular ni un músculo del cuerpo, me siento en la barra, un café solo, una copa de dragados, un cigarro y observo la entrada de estos ya no tan jóvenes, que puntuales como el canto del gallo, comienzan a hacer su entrada por el local, unos conocidos, otros no tanto, el ambiente sigue siendo el mismo, cómo cuando mi padre andaba por esta tierra, los buenos días que no falten (la educación de antaño, que hoy brilla por su ausencia),es algo que no se le niega a nadie, aunque mas que buenos sean malos, sobre todo para ellos, los que te conocen preguntan por tu familia, los que no tanto, el vecino de al lado de la barra, le da norte de quien eres y quienes fueron tus progenitores, hasta que la luz llega a su menté, la bombilla se enciende y con un “ah, tu padre era…. y tu madre, es……”,queda zanjado el asunto, hasta la próxima entrada del siguiente. Yo no tengo que cuidar nada, ni alimentar a animal alguno, así que sigo con el periódico, mí cigarro, un nuevo café, una nueva copa y espero que amanezca, para acoplarme al camino, con la soledad que me acompaña.
Antiguo camino del calerin, vieja trocha que baja hasta el comienzo del perímetro donde comienzo el camino, viejo camino de los navales que hoy ya no existen, donde crío me sentaba bajo la higuera al resguardo del sol andaluz y de la sierra, cerca de la era, dónde se trillaba el trigo, camino de las espeñas, barrio caló por derecho lo que la fondo a la izquierda se divisa, sigo el camino hasta el mismo, camino empedrado, dé arena y barro, piedras que se vuelven inmensas conforme te adentras en ellas, camino despacio, sin prisas pero sin pausa y con la soledad que me acompaña.
Asomo tras la iglesia de Padre Jesús, camino empedrado, la fuente de los ocho caños frente a mí, nombre que toma el barrio, en honor a esta, puente viejo antigua entrada a mi tierra, feudo morisco inexpugnable, puente viejo que cruza la entrada del tajo a la ciudad morisca con su calzada empedrada, frente a el la fachada del palacio del Márquez de Salvatierra, donde comienza la antigua muralla, bajo a la izquierda por el camino que me lleva a los baños árabes, bordeando las murallas que resguardan a la ciudad al abrigo del infiel católico, murallas que tuvieron que salvar estos para poder tomar Granada, camino empedrado, aroma a campo y la soledad que me acompaña.
Continuo el camino, por la vereda que zigzaguea la muralla, hasta la ciudad, conocido como el barrio, antaño lugar donde se asentaba el viejo Zoco, plaza donde se compraba ropa, alimentos y neceseres varios antes de que llegaran las grandes superficies y que hoy por desgracia se perdió en el olvido, antigua venta del chorizo, frente a esta plaza del Zoco hoy cerrada, parada oficial para repostar el cuerpo, catar un buen vino y agregarlo a una buena tapa de productos de la tierra, arcos árabes, camino empedrado y la soledad que me acompaña.
Entro por la puerta principal de la muralla, ciudad mora, paso obligado desde Algeciras, para poder llegar a Granada, tierra de verano del rey moro, subo hasta la iglesia del Espíritu Santo, calles estrechas para poder entrar en la ciudad vieja, arcos árabes, subida dura donde las piernas se esfuerzan y el cuerpo se inclina hacia delante para mejorar la subida, como si de una reverencia fuera, camino empedrado y la soledad que me acompaña.
Plaza de los salesianos, iglesia de Santa María la mayor, Mezquita mayor de la Medina, convento de San Francisco, iglesia de María Auxiliadora, camino empedrado, calles estrechas, arcos árabes, sigo el camino hasta el palacio de Mondragón, frente a el por sus calles estrechas Santa Teresa, para hacer la primera parada en el campillo, frente al palacio del gigante, con su alminar de San Sebastian, antiguo convento carmelita y que fue torre de una de las mezquitas de mi tierra, tras de mi defensa naturales, el tajo, vuelta al camino, calle empedrada, calle estrecha, Casa de San Juan Bosco, patios y rejas andaluzas, camino empedrado, salida al puente nuevo, con el palacio del rey moro en la bajada de mi derecha, tierra de bandoleros, tierra mora, camino empedrado, hace frió, el manto blanco cubre sus calles, camino empedrado y la soledad que me acompaña.